Capítulo 4 – Gracias por mis enemigos

Puede parecer tonto que lo diga mi Dios Omnipotente, pero te quiero dar gracias también por las personas que me han hecho el mal y que Tú lo has permitido. No porque sea masoquista mi Señor, sino que gracias a ellos ahora soy una persona más madura y más prudente.

Sé que Tú en ninguna circunstancia buscarías el mal para hacer un bien, sin embargo, he aprendido que Tú eres tan sabio que los dejas que me ataquen para que ellos se den cuenta del error que están cometiendo y de lo fuerte que me están haciendo.

Mi Señor bien dice la frase «Lo que no me mata me hace más fuerte» y hasta la fecha no me han matado, sino que me han hecho más poderoso para descubrir de que material me has producido. De tus manos salí mi Señor con una fortaleza para hacerle frente a todos sus ataques.

A veces me pongo a pensar en ellos y te confieso que me dan lastima por todo lo que vienen cargando, ya que su amargura es tan grave que no les importa mentir y difamarme con tal de encubrir sus errores. Perdónalos mi Señor porque no saben lo que hacen.

Gracias porque cada piedra que ellos me ponen, Tú la conviertes en un escalón que me hace ser mejor persona. Alguien más sensible para comprender lo frágiles que somos, y para darme cuenta de que si rechazo tus mandamientos podría estar cometiendo los mismos errores que ellos están haciendo cuando me atacan a mi o a otra persona.

Eres tan impresionante que me permites darme cuenta de que yo también he cometido errores contra otras personas. Gracias por darme la capacidad para comprender cuales caminos no debo volver a tomar. Eres genial, porque de lo malo siempre sacas algo bueno. Gracias mi Dios mi Todopoderoso, mi Señor.

Mi Padre, puede sonar tonto, pero te cuento que una vez escuche en un audio de esas reflexiones que hay en las redes sociales de como a aquella persona que tanto daño nos ha hecho deberíamos invitarlos a cenar.

Al principio dije: “Sí, para darle la manzana envenenada como a la bella durmiente” pero después recapacite que no iba por ahí, sino para decirle a esa persona que yo lo he perdonado, y que debido a que ahora ya soy más fuerte tengo la sabiduría para recompensarla ya que aun cuando haya habido problemas y dolor ocasionado, realmente no sería quien soy si no hubiera pasado por eso.

Obviamente mi Señor no te estoy diciendo que me mandes más enemigos, porque creo que con los que ya he tenido es suficiente, mejor mándame más amigos para que ellos me ayuden a cambiar al mundo y volver a hacerlo como cuando Tu dijiste en el libro del Genesis «Y todo era bueno».

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